Samaranch, un referente de la diplomacia Olímpica

El fallecimiento del expresidente del COI, el español Juan Antonio Samaranch, ha levantado todo tipo de opiniones y comentarios en los que se recuerda la figura del dirigente deportivo por sus logros y trabajo. Más en concreto me quiero dirigir al difícil trabajo protocolario realizado por la diplomacia Olímpica. Muchos pensarán que me refiero a los difíciles momentos de los boicots olímpicos en la última etapa de enfrentamientos de los grandes bloques políticos mundiales que restaron brillantez a los Juegos Olímpicos celebrados en Moscú y Los Ángeles.
Esta es una diplomacía muy vinculada con la realidad política, es una forma de actuar casi vaticanista y que se miraba con lupa desde las jerarquías políticas tanto del bloque capitalista como desde el ya desaparecido régimen soviético.
El grato recuerdo que quiero tener hacia Samaranch se centra mucho más en el pantalón corto y la camiseta sudada de los deportistas. Y en concreto en la difícil relación que ha mantenido siempre (incluso hoy en día) el movimiento olímpico con el deporte rey, el fútbol.
Los que vivimos el fútbol apasionadamente tenemos una distancia deportiva con las competiciones futbolísticas de los Juegos Olímpicos, son competicones de segundo o tercer nivel. No atraen nuestro interés por un planteamiento deportivo erróneo que perjudica a la esencia del fútbol: concentraciones de equipos incompletos porque hay un límite reducido de jugadores para solventar los problemas de espacio de cualquier Villa Olímpica; calendarios muy apretados casi sin tiempo para la recuperación del deportista para poder encajar una competición larga dentro de un gran evento mundial; y finalmente un calendario olímpico que no coincide nunca con los calendarios futbolíticos, por lo que la participación de los jugadores en las selecciones olímpicas les aleja de los compromisos oficiales de sus clubes y de sus aficionados.
Estos elementos son suficientes para justificar el distanciamiento entre el fútbol y el movimiento Olímpico. Sólo el buen hacer y la voluntad negociadora de personas como Juan Antonio Samaranch y los antiguos dirigentes de FIFA permitieron llegar a un acuerdo cordial, planteando limitaciones de edad a las selecciones futbolísticas y dandole un carácter más de fútbol amateur que profesional que hace posible que el deporte rey, el fútbol, este presente en el mayor acontecimiento deportivo del planeta sin fracturas entre el COI y la FIFA.
El fútbol respeta al Olimpismo, y el movimiento Olímpico respeta al fútbol. Es un buen matrimonio de conveniencia, puede que no haya amor, pero sí cariño. Y esta relación cordial hay que agradecersela entre otros a Juan Antonio Samaranch y su siempre buena intención de solventar los problemas en el mundo del deporte.

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