La cuenta atrás vuela, no hay tiempo para errores
Esta noche se disputa el gran partido de esta edición de la Champions, con mucho respeto a la insustituible final: el Barça contra el Inter. Guardiola contra Mourinho. Un partido evidentemente bien calentado desde los dos equipos con sus tácticas y cotratácticas y donde la UEFA tiene que demostrar esa mano dura de su diplomacia deportiva para evitar salidas de tono que desvirtúen el bello deporte del fútbol.
Parece que es un partido de nervios. Y sobre el papel es todo lo contrario. Todo está estudiado y preparado. Hasta la fuerte frase de Piqué en la que dice que desea que los jugadores del Inter odien ser futbolistas cuando termine el partido de hoy. El fútbol es un deporte, es un espectáculo y es un negocio. Y se rige por conductas de grupo y planificación empresarial. Esto distingue a los clubes serios de los que no lo son.
Los nervios sólo aparecen cuando el reloj corre, pero durante la preparación todo está calculado y reflexionado. Lo que no se puede preparar es el devenir del partido. Cuando el árbitro pita el inicio del partido empieza lo bonito, lo incontrolado, lo inesperado. Y es cuando la mente del deportista tiene que estar a un nivel extraordinario. Los segundos vuelan y no hay tiempo para errores.
Pasará hoy en la Champions. El Inter tiene una ventaja de 3-1 en el marcador parcial. Y el reloj no corre igual para unos que para otros, aunque en ambos casos cada tiempo tiene una duración de 45 minutos. Y los desconocedores de este deporte no entienden estas diferencias, que son muy sencillas. Como ya he dicho no hay tiempo para errores.
Y uno no se puede equivocar ni en la Champions, ni en la Liga. Ya escribí el 20 de abril, antes del primer partido Bayern-Olympic que esta eliminatoria tenía claro sabor alemán. Y me mantuve pese a que en el primer partido los pupilos de Van Gaal sólo ganaron por un gol, aparentemente poca diferencia para una semifinal de Champions. Pero los alemanes tienen un plus y es que saben manejar los tiempos, los nervios y el trabajo preparado. Es la precisión alemana, quizá heredada de su proximidad fronteriza con los suizos.
Ayer el partido Olympic-Bayern fue lo mismo. Todo calculado, pero con el 0-1 se rompe el plan y aparece el genio latino, la libertad del mar que se representa en el croata Olic, que bañado por el Adriático hace su partido y consigue un hat-trick en una semifinal europea. Una imagen muy poco frecuente, tanto en el fútbol alemán como en el de alta competición. Sorprende que en una semifinal europea un jugador pueda realizar tres goles en un mismo partido y que el resultado de la eliminatoria sea tan abultado.
Son las cosas que pasan en los momentos finales de los campeonatos. No hay vuelta atrás, el reloj no se para y los errores se pagan. Lo mismo en las competiciones ligueras y en los ascensos. Qué bonita está la liga en Segunda División en España. Hacía años que no llegaban tantos equipos con posibilidades de ascenso y ahí un gol fallado, un penalti errado o una expulsión inadecuada puede hacer rodar por el suelo la esperanza de todo un equipo y su afición. Y lo mismo puede pasar esta noche en el Nou Camp, la eliminatoria más igualada y dudosa de esta edición de las Champions.
Imagen: Peer Ole. Olic durante un entrenamiento de pretemporada con el Bayern, junto a Breno.


