El fútbol se basa en el respeto a los árbitros
El primer partido de las semifinales de la Champions League ha tenido un protagonista inesperado, el colegiado Olegario Benquerença, que estuvo mal. No hay duda que no fue su día más acertado y que aunque muchos digan que perjudicó al FC Barcelona en su enfrentamiento contra el Inter de Milán, la verdad es que el mayor perjudicado por la actuación del equipo arbitral es el fútbol en general.
Es comprensible que los jugadores protesten durante un partido contra las decisiones arbitrales que consideran injustas. El futbolista está realizando un esfuerzo y va acelerado física y mentalmente, y a veces faltan unos segundos de pausa para la reflexión y la calma. Y un buen partido de fútbol es atractivo y el mayor espectáculo del mundo por todo esto, porque un segundo te cambia un resultado, porque vamos acelerados del corazón por nuestros colores. Por ello entendemos que las protestas se producen sobre el césped y tienen su correspondiente sanción con la oportuna tarjeta si la queja es excesiva y desmesurada.
Lo que ya no tiene tanta lógica es la falta de respeto en frío al colectivo arbitral. Y digo todo esto por los acontecimientos ocurridos en el túnel de los vestuarios del estadio San Siro entre Xavi, un centrocampista que siempre está entre los mejores jugadores del mundo, y Mourinho, un entrenador llamado a hacer historia en este bello deporte.
Xavi recriminó el mal arbitraje sufrido por el Barça al entrenador interista. Seguramente porque ambos, Mourinho y Benquerença, son portugueses. Esto es una equivocada insinuación de afinidad patria entre ambos. Y el jugador no estuvo acertado. Peor fue la respuesta del técnico, que se supone que tiene que ir menos acelerado que un jugador de campo y se le atribuye mayor entereza y frialdad mental. Pero Mourinho es así, el técnico portugués se equivocó y actuó como un futbolista más, o como un mal aficionado del Chelsea o del Real Madrid y respondió al jugador recordando al árbitro nórdico Ovrebo que dirigió el partido de semifinales de la pasada edición de la Champions entre el Chelsea y el FC Barcelona y cuyas decisiones fueron muy criticadas por el club londinense, al sentirse perjudicado por el arbitraje del noruego.
El recordatorio de Mourinho es una frase de patio de colegio, de niño enfadado que responde “y tú más”. Lo grave es que viene de quien viene y sobre todo que supone una falta de respeto hacia los árbitros. Recordar ahora, casi un año después, un arbitraje erróneo de Ovrebo supone criticar la esencia del fútbol.
Todo en este deporte se decide por fallos y aciertos personales: que sí Messi hace la jugada imposible o Julio Cesar realiza la parada inimaginable. Esto le da la gracia y la chispa al fútbol. Y también los árbitros. Hay que respetarlos y defenderlos cuando se equivocan, aunque tengan sanciones internas. Y sobre todo hay que investigarlos y expulsarlos cuando los errores sean intencionados. Pero cuando son equivocaciones humanas hay que aceptarlas porque es la esencia del fútbol. Fallan los jugadores, hierran los árbitros y se equivocan los entrenadores. Y no podemos faltarles al respeto porque sin árbitros no hay partidos.
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